¿Sucedió?

¿Qué tan confiables somos?

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Hablábamos de la confiabilidad, que significa que algo se comporte de la manera esperada, en ciertas condiciones.

En inglés se refieren a una persona confiable (en la cual se puede tener confianza, en la cual se cree), como a alguien reliable, es decir, que no te va a quedar mal, que no te va a traicionar. Sin embargo, la experiencia nos muestra que no existen absolutos, que todo es probabilístico, que el comportamiento del universo y sus fenómenos es estadístico.

Por tanto, cuando decimos que algo o alguien es confiable, nos estamos refiriendo a su fiabilidad, es decir a la “fiabilidad” de su comportamiento, la cual se expresa en términos de probabilidad, es decir, hay algunas máquinas, algunos objetos, algunas personas que tengan una probabilidad mayor de ser fiables (es decir, de que su funcionamiento sea adecuado) que otros.

Lo anterior fue irrebatible cuando Heisenberg divulgó su principio de incertidumbre, mismo que “establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria. Sucintamente, afirma que no se puede determinar, en términos de la física clásica, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. En otras palabras, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal y, por tanto, su velocidad” (Wikipedia, la enciclopedia libre (2012). Relación de indeterminación de Heisenberg. Disponible en línea en http://es.wikipedia.org/wiki/Relaci%C3%B3n_de_indeterminaci%C3%B3n_de_Heisenberg).

Si en física y otras ciencias de las que solían llamarse “exactas”, justamente porque sus mediciones, se pensaba, eran contundentes e inobjetables, observamos que no es así, con mayor razón el comportamiento de los fenómenos de la conducta humana son imposibles de medir con precisión absoluta, pero ya que en el universo todo se comporta de modo probabilístico, resulta plausible considerar que, por lo menos, algunos comportamientos clave o particularmente interesantes para el desenvolvimiento adecuado de las sociedades, se puedan medir con cierta precisión mínima.

Es decir que se pueda creer y afirmar (los teóricos de la probabilidad y estadística estarían en desacuerdo con la manera en que estoy expresando esto, por cuestiones técnicas y de semántica que harían más oscura la explicación y que en este momento no viene al caso comentar) que los actos previstos se han de presentar con una probabilidad calculada previamente y razonablemente alta; aunque exista siempre la posibilidad real de que lo esperado no ocurra.

Por todo lo dicho anteriormente es que en las ciencias que estudian el comportamiento humano, como la psicología, la sociología o la antropología, por ejemplo, es factible elaborar instrumentos que, con sus limitaciones, pero también con sus alcances prevean la presencia de determinadas conductas en ciertas personas en particular, dadas unas condiciones específicas.

De tal suerte que, aunque difícil, es dable y deseable darse a la tarea de construir un cuestionario que permita medir, con cierto grado de precisión, de probabilidad, si determinada persona es potencialmente emprendedora.

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