Candil de la Calle

El presidente del avión de 7 mil millones

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Almas de fango, que no estimáis más que el oro, no quiero tocar vuestros tesoros, por impuro que sea su origen.

Maximilen de Robespierre

(Foto: Especial)

Escribe Álvaro Delgado en su columna de Proceso.com que el presidente Enrique Peña Nieto estrenará “un palacio que vuela”: el avión de los 7 mil millones de pesos.

Tocó al expresidente Felipe Calderón incubar en los últimos minutos de su sexenio este viso de locura dictatorial, a modo de capricho monárquico.

El equipo de transición de Peña Nieto “avaló la compra tras una profunda reflexión”, como citó El Universal a fines de octubre del 2012.

Es decir, cuando ese equipo, en los hechos y en la legalidad, no tenía atribución alguna para “avalar” una decisión que implicara disponer de tantos miles de millones de pesos. En lo que fuera.

Pero la armaron entre el que se iba y el que llegaba.

En ese entonces, se dijo que el avión costaría 4 mil 800 millones de pesos. De esos, una parte se pagaría de inmediato y otra, por medio de un financiamiento a 10 años.

Nada más que, como todo ha subido, pues también el costo del mentado avión.

Al Boeing 787 le instalarían un equipo de seguridad y también le harían adecuaciones a la cabina presidencial.

Otra lana se destinaría a modificar el hangar presidencial, a fin de que cubra los requerimientos de la aeronave… que todos pagaremos.

“No se trata de un asunto de comodidad, sino de seguridad. Será un búnker aéreo para el presidente”, fueron otros de los argumentos esgrimidos por el equipo de transición.

Si con esa determinación el ahora gabinete presidencial pudo avalar la mega compra, me pregunto, ahora que tiene todas las atribuciones y facultades legales, por qué nomás no dan luces en el tema económico y nos tienen sumidos en una depreciación salarial similar a la de mediados de los noventa y pasando corajes con los “sabadazos” de la gasolina y el aumento del gas.

Ernesto Cordero se pondría a llorar con sus 6 mil pesos mensuales.

Álvaro Delgado hace el comparativo demoledor, el que nos pone más o menos los pies en la tierra al darnos una vaga idea de lo que son 7 mil millones de pesos, inasequibles ellos: ocho hospitales, o el doble de todo lo que gastarán los partidos políticos en este año.

(Digo, no es que ponga en entredicho la utilidad de los partidos políticos. Me queda muy claro cuál es).

El precio final, se aclara también en un reportaje de Emeequis, subió debido al plan de pagos.

Pagos chiquitos que multiplicarán el costo final, más el mantenimiento, más los ajustes, la parafernalia para que el usuario tenga todas las comodidades, etcétera.

Suena igual que costear a la alta burocracia; que ser esquilmado por el hombre más rico del mundo (Slim) a través de Telmex; que ir de Santa Fe en el DF a la montaña de Guerrero a ver morir de hambre a los niños, en este país de las abrumadoras contradicciones en las que un avión presidencial de 7 mil millones de pesos suena absurdo, irreal, ridículo, ofensivo.

Estúpido.

Peña Nieto cumplirá dos años de su sexenio.

Apenas.