Instrucciones para vivir en México post #covid19

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Felipe León López

(historias y reflexiones en torno al COVID-19)

Nacimos en sociedades que vivieron aceleradamente diversas revoluciones, culturales, industriales y sociales. Repentinamente éramos miles y millones inmersos en nuestros mundos buscando cómo acomodarnos en la dinámica del mundo feliz, del consumismo, del aniquilamiento del prójimo para alcanzar cualquier objetivo.

Fuimos sociedades que pasaron de rural a urbano y de urbano a cosmopolita. Nos sentíamos mexicanos y, por tanto, nos sentíamos chingones.

Crecimos varias generaciones en la búsqueda del título académico como si fuera un grado entre las clases sociales, como bien nos describiera Iván Ilich. Ascender en la escala social era subirse a la espiral del consumismo o de la oleada sociopolítica del momento para quedar bien o sentirse bien aunque sabíamos que las cosas “políticamente correctas” eran netamente engañosas.

Estábamos acostumbrados a vivir de prisa.

Mexicano chingón (Foto: Especial)

Adquirir un automóvil significaba el inicio de una carrera sin freno por acumular: títulos, idiomas, viajes, riquezas, cuentas bancarias, propiedades, ropas, zapatos, indumentaria de una sola ocasión. 

Mexicanos cosmopolitas naciendo en otros países o presumiendo hábitos “universales” en el pueblo, el barrio, la colonia o la vecindad, algunas fastuosamente llamadas condominios.

Vivimos tanto así que se nos olvidó prepararnos para un plan alternativo de cotidianidad, nos ganó la frivolidad, dirían. Pero dentro de todo eso tuvimos momentos de grandeza, tanto para acabar con un ogro filantrópico sin pasar por una guerra civil y para salir a tomar las calles a ayudar o a sufragar.

Pero las glorias no son eternas porque llegaron los virus de la política mezquina, la depredación capitalista y el individualismo. Nuestra historia nunca fue tan triste y tuvo que llegar la pandemia del covid19 tan sorpresiva que no dio tiempo siquiera de almacenar la cerveza y mucho menos el fondo de supervivencia.

La convivencia callejera o la fiesta del pueblo se perdieron.  Las pachangas, los conciertos y todas las actividades de grandes conglomeraciones y las familias se reencontraron en mesas repletas de teléfonos y tabletas inteligentes. Nada fue tan incomunicativo como un resguardo con personas que parecen ajenas a nuestra existencia.

El Día D+1 mexicano de la pademia, como escribimos, era la oportunidad para una revisión de nuestra existencia, la convivencia y la cotidianidad. Pasaron los días y no entendimos nada.

Al día siguiente sabemos que nuestra economía, con los actuales indicadores o sin ellos, estará en un tobogán que no sólo hará perder miles de empleos y subempleos, que cerrarán obligados miles de pequeños negocios y quebrarán medianas y grandes empresas, además que tener un saldo negro de muertes y desapariciones por el Covid19, a las cuales la autoridad no querrá reconocer como tampoco los provocados por el virus de la delincuencia. Ahora también nos enteramos que el respiro que le dimos al medio ambiente ya no será prolongado, pues estamos ante un régimen poco ético para reconocer e impulsar políticas públicas vanguardistas ambientalistas y energéticas; no sabemos si así nos vamos a ir a las nuevas políticas sanitarias.

El instructivo para vivir en México tiene ya cambios radicales de los que no hemos aprendido. Decía Porfirio Díaz que los mexicanos estábamos “contentos con comer desordenadamente antojitos, levantarse tarde, ser empleados públicos con padrinos de influencia, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo; divertirse sin cesar, casarse muy jóvenes y tener hijos a pasto; gastar más de lo que ganan y endrogarse para hacer fiestas”.

Ahora las condiciones son diferentes. Los antojos callejeros deberán resguardarse por salud. Tenemos que aprender al teletrabajo y a la educación en línea, debemos estar preparados para atender nuestra ciberseguridad y no esperar a que un hacker se lleve nuestros ahorros y hasta la intranquila tranquilidad, los políticos deberán esforzarse más para llegar a convencernos, las enfermedades en ascenso serán las que nos harán más vulnerables ante nuevas pandemias (obesidad, hipertensión, diabetes, entre otras), los que conserven sus empleos no conservarán sus salarios, las drogas y nuestro consumo de alcohol también será diferente como la alimentación, como las fiestas y efusivas formas de festejar. El consumo de televisión e internet serán motivo de nuevas profesiones para hacer nuevos ricos, o al menos empleados inseguros.

Los gobiernos tendrán que esforzarse en no ocultar sus gastos y su discurso de engaño. El tiempo disponible en la cuarentena sirvió para consumos de información sesgada y engañosa, pero también para detectar los virus informativos del poder, esos que invaden como pandemia los medios sociales.

El nuevo instructivo para vivir en México, texto que se inspiró en la obra de Jorge Ibargüengoitia, apenas se está escribiendo. Lástima que los encargados de elaborarlo aún no han iniciado y este ejercicio apenas sirve para imaginar que no hemos imaginado nada.

Contacto: felipe.leon@escipion.com.mx

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