Histomagia

Guillermina

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In memoriam

Esta noche, la luz de la luna aparece y la majestuosidad de esta ciudad misteriosa con hermosos edificios antiguos emerge y nos llevan en un viaje a tiempos pasados donde era común vivir de manera más cercana al campo, a la casa propia, al jardín, a la naturaleza que genera energías múltiples que evocan que el ser que habita en uno mismo, busque desesperadamente su lugar en ese mundo, para muchos olvidado.

La lejanía del tañer de unas campanas incitan a las personas a seguir sus rituales ceremoniales en búsqueda de una protección para su propio espíritu, pues es sabido, desde los antiguos, que las energías se cruzan vertiginosas en este plano y, particularmente, en Guanajuato que representa en sí el tiempo mismo.

No, si las historias de rituales paganos y no paganos, que se enfocan a la protección de lo más sublime y valioso para el ser humano: su propio espíritu, son numerosas y fascinantes. Por ejemplo, para poder tener la certeza de que nadie podrá robar tu cuerpo evita a toda costa viajes astrales, pues hay espíritus, almas de difuntos o incluso demonios que están al acecho de poseer tu cuerpo mientras está vacío de ti.

Un pariente cercano, me contó, alguna vez, que una de sus novias que se dedicaba a la lectura incesante sobre estos temas, un día amaneció sin hablar ni una palabra siquiera, nada. Sólo se quedaba con la mirada fija en un solo punto, se comportaba a nivel de una pérdida de sensibilidad y no respuesta a los estímulos externos. Mi familiar, que vivía solo con ella, revisó las lecturas recientes y efectivamente, eran tópicos sobre los viajes astrales, cómo controlarlos y poder regresar sano y salvo a su cuerpo. Ante esto, decidió respetar el proceso, eso sí, con una terrible preocupación de que si no volvía qué iba a hacer con una compañera casi zombie y esperó.

Esa noche era luna llena y  lo que hizo fue tomar un paseo con ella por la Plaza Allende, ellos vivían en el Callejón del Infierno, así que les quedaba cerca. Expectante a su comportamiento, buscando un posible indicio de vida, miraba una y otra vez sus ojos perdidos en quien sabe qué dimensiones. De repente, ella lo miró de una manera que le heló la sangre, a la vez que comenzó a hablar en un lenguaje ininteligible, con una voz extraña que parecía salir del fondo de una gruta; él, no podía creer lo que estaba viviendo, y en el proceso de contención, la tomaba fuertemente en sus brazos para no llamar la atención de los pocos transeúntes que a esas horas de la ahora ya madrugada, pasaban por ahí. De un instante a otro, ella detuvo su andar, sus miradas, sus voces… suspiró de manera profunda y volteó a verlo fijando su vista en él sólo para preguntarle qué estaban haciendo ahí. Inexplicablemente su rostro se le veía ajado, envejecido, no era el suyo. Él le explicó todo lo acontecido, ella no podía creer que su propio cuerpo hiciera cosas sin ella, sin su alma, espíritu o energía vital. Lo que sí se dieron cuenta ambos, es que el momento en que suspiró, su alma que no la encontraba la encontró. Desde esa noche de luna, jamás volvió a retomar sus estudios sobre viajes astrales.

Ahora ya no está dentro de la familia, pero recientemente la vi pasar por el jardín y su rostro está igualito a como le quedó aquella noche. Lo que sé es que como la vi de lejos no sé si esté viva o sea su espíritu o el fantasma que la poseyó que la sigue buscando y se mimetiza para poder quedarse definitivamente con su cuerpo. ¿Quieres verla? Ven, lee y anda Guanajuato.

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