El Laberinto

El mar no se va a ir

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Me encanta el mar, lo vemos ahí infinito y azul, inabarcable, casi inacabable, misterioso en el fondo, peligroso hasta en calma y lleno de sorpresas.

Fresco e imponente, no se deja talar como los bosques ni esta sujeto a negociaciones con los humanos, acepta nuestros barcos en sus olas y las construcciones en la orilla pero siempre tiene la última palabra, ya sea con una vistosa demostración de poder o con un corrosivo salitre, el mar es ajeno a nuestras prisas y a nuestros sueños a futuro.

A veces cuando quiero relajarme pienso en el mar, en lo increíble de su inmensidad y se me pasa la angustia de sentir que soy muy importante y de que el mundo va a parar si dejo de hacer algo.

En cuanto a lo que nos inspira,  a pesar de todas las manifestaciones artísticas que protagoniza

por ser atemporal y poderoso o simplemente hermoso me gusta retomar el pensarlo como en “La isla del tesoro” (1883) donde puede ser simplemente el telón de fondo como era al inicio y luego mostrarse como el medio para ser libre y conseguir un botín, es una esperanza ante una orilla amenazante y sin futuro después de que los piratas aparecen en escena.

Y cuando ya están navegando sigue siendo un medio pero también un peligro en tanto que si se pasa de fuerte los destruye y se excede en calma los mata de hambre, sin contar que se vuelve un cerco que les obliga a convivir. Una vez llegados a la isla es la puerta de salida pero también es el custodio si se llegan a quedar sin transporte.

Entonces en una sola obra es telón, esperanza, medio, obstáculo, llave y candado.

Pero siempre está ahí y para nosotros, dependiendo de nuestra situación, también lo está. Nos queda trabajar en cómo lo miramos y si la cosa se pone pesada nos queda aprender a flotar.