Como anillo al dedo, la 4T sin oposición

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En política, la guerra y el amor no existen las casualidades…

El arranque de la LXV del Congreso de la Unión parecía marcar el punto de quiere de la autollamada “Cuarta Transformación” y, si se apuraban los opositores, para darle final poco feliz al proyecto lopezobradorista. Desde el Senado se anticipaba que las propuestas de reforma del Ejecutivo federal difícilmente pasarían. En la Cámara de Diputados, los chantajes del PT y del PVEM generaban inconformidad e incomodidad en las filas morenistas. Todo parecía un prometedor bloque opositor que no sólo iría junto en el Legislativo sino caminaría unido electoralmente para el 2022, 2023 y el 2024.

En política si no hay análisis y prospectiva, lo que parece estar bajo control se puede desbaratar en cualquier momento, incluso por el factor más débil. Más cuando se olvidan que tienen enfrente a un animal político como Andrés Manuel López Obrador, quien en tres movimientos de ajedrecista profesional le dio la vuelta a los partidos de oposición, los cuales quedaron cuales marionetas en manos de un plan predefinido por el presidente de la República.

Primero, un proceso de renovación de dirigencia del PAN envuelto en acusaciones de dados cargados y de imposiciones que los podrían fracturar. Y después, la grande ocurrencia de traer al líder de VOX a México para evidenciar a sus líderes como torpes, retrógradas, reaccionarios y muy lejos de entender al país y a los mexicanos. Sin un plan de contención de daños, pésimo manejo de crisis, el principal partido de oposición quedó en la lona y la dirigencia encabezada por Marko Cortés se apresta a ser la idónea para el presidente, para Morena y sus aliados.

El segundo partido opositor menos débil es el PRI (de siempre), el cual desde el año pasado prácticamente claudicó frente al gobierno federal a ritmo de los apretones de la UIF y la FGR, y sobre todo, por los estatutos que modificó Alejandro Moreno, “AMLITO” dejando sin maniobra a los gobernadores y con los resultados catastróficos a la vista: cero victorias, divididos, agachados, sin liderazgos y con un dirigente negado a la autocrítica y la dignidad para dejar la presidencia de su partido.

Y para darles un empujoncito, el pragmatismo beisbolero de Andrés Manuel no dejó pasar las moñas (como cuando en 1997 abrió las puertas del PRD a los desahuciados del PRI), bateó dos jonrones consecutivos y, más todavía, colocó a varios jugadores para anotar carrera a su favor, les “soltó el gallo”. Así, más allá del argumento de procurar protección a los gobernadores salientes de Sinaloa y Nayarit, hubo una cooptación que macaneó a la oposición y hasta calentó la cabeza de otros mandatarios que podrían seguir la ruta, como son Javier Corral, Alejandro Murat y Omar Fayad, por citar los más obvios (sin obviar que el mensaje también es para los fieles morenistas en el sentido de que la 4T también requiere experiencia y no sólo pasión).

El poeta y filósofo Fredrich Schiller sentenciaba que «no existen las casualidades. Lo que nos parecen meros accidentes emerge siempre de la fuente más profunda del destino». Así, a mitad del sexenio y en el momento que todo parecía abrir el camino para equilibrios políticos y obligar al Ejecutivo federal a negociar, a dialogar, a aceptar las diferencias, pues resulta que esa oposición partidista terminó siendo una caricatura, risible, sin proyecto, ni principios, ni bases firmes.

Cómo estarán las cosas que hasta el presidente en la “mañanera” del 14 de septiembre se atrevió a exigir contrincantes. «Leí que el propósito era desarticular a la oposición; ¡No! Yo no ando pensando en eso, a mi hasta me parece conveniente por el bien del país que haya una oposición fuerte, articulada, inteligente; nos hace falta, porque eso es la democracia, son contrapesos. Cuando hay democracia nadie aspira a sentirse absoluto. Se requiere de una oposición, pero les está costando trabajo articularse, fortalecerse, actuar con imaginación, con talento», sentenció, burlándose del PRI, PAN y lo que queda del PRD.

Irónico o no, López Obrador tiene razón; son momentos difíciles para el país por la crisis post pandémica (economía, seguridad, certidumbre) y los desafíos de fortalecimiento de las instituciones del Estado ante las amenazas de los poderes fácticos (narcotráfico, transnacionales) y conflictos geopolíticos en ciernes (EEUU, China, Rusia, mundo árabe).  

¿Qué esperar entonces?

Quizá vengan nuevas sacudidas para los partidos políticos opositores y que haya una renovación profunda de sus principios y liderazgos, abriendo espacio para quienes puedan marcar la crítica, la contrapropuesta y remarcar los errores a un gobierno que a veces peca de soberbia. ¿Refundación del PRI, PAN y PRD a estas alturas? Es posible y para sus militantes muy necesario.

Una tercera opción también es factible, pues el bloque opositor del PAN, PRI y PRD no fue el único, y Movimiento Ciudadano es partido que sobrevivió a los dos bloques, avanzó en los municipios, y estuvo a punto de ganar dos gubernaturas.

La otra es que la oposición nazca desde las entrañas de la propia 4T, y no precisamente de Morena, sino de aliados, como las otras izquierdas que cada día están más inconformes con ese doble discurso oficial, o incluso de los actores políticos que están siendo excluidos y hasta desplazados por las nuevas adquisiciones presidenciales.

Para abrir el camino a un candidato sin partido, sin militancia, ni compromiso con alguno de los bloques ideológico-partidistas parece ser muy difícil, pero no imposible. Así que, como dice AMLO, a México le urge una oposición. 

Contacto: feleon_2000@yahoo.com