El Laberinto

Cabeza de Vaca

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La historia de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1488/1490-1559) me causó durante mis tiempos de estudiante mucha ansiedad, por desafortunada, por peligrosa, por todo lo que parece tenerse a favor y por como se puede desplomar de un momento a otro el plan, a su vez me daba risa pensar en la parte prosaica de aquello de ser “conquistador”, esa que no se  menciona tanto en los relatos de otros y donde vemos a un hombre perdido, acosado, flechado y hasta esclavizado, pero aún con ánimos de intentarlo otra vez, punto en el que sobrevivió para escribirlo de su puño y letra. Pero sobre todas las cosas que me genera, lo que siempre me ha hecho sentir, por muy simple que parezca, es mucha hambre.

Y ya que llegamos al tema del hambre, de camino, siempre pasaba por unos poderosos tacos de cabeza de res, porque en este mundo todo es circular, con su sabrosa salsa de aguacate, limoncito y consomé gratis, que por descuido nunca me pregunté cómo es que eran preparados, hasta que en un grupo de cocina (no me juzguen, soy una seño) alguien pidió ayuda para saber qué hacer con los dientes del rumiante al momento de cocinar toda la cabeza. Y las respuestas, bastante sorprendentes, que planteaban el proceso como algo tremendamente engorroso y difícil, me mostraron el lado prosaico de aquel platillo, del que siempre había disfrutado a ciegas y me causó ansiedad por toda la limpieza que implica, risa porque jamas lo habia pensado y me quito momentáneamente el hambre.

En un mundo donde los trabajos y procesos están tan fragmentados, rara vez nos preguntamos todo lo que implica obtener aquello que usamos o disfrutamos y lo hacemos con fe ciega a pesar de que la historia nos ha demostrado que lo que para una época era seguro, como utilizar venenos como cosméticos o comida chatarra como medicina y a su vez le quita desde nuestra percepción el valor al trabajo de los demás pues no sabemos qué implica.

No es muy diferente lo que vemos en las gestas heroicas donde todo parece un camino a la gloria, hasta que vemos casos como el de Cabeza de Vaca o en los procesos personales, donde nadie te dice la parte turbia de aquellas cosas que se consideran socialmente deseables, como estudiar, trabajar, tener tu propio negocio, estar en pareja o tener hijos.

Creo que deberíamos tomarnos en serio aquello de investigar que usamos, que comemos y qué hacen los demás para tener respeto y empatía, para estar preparados y para ser como el aventurero, que de todos modos lo siguió intentando, o la persona que preguntó en el grupo, que va a guisar la cabeza aun sabiendo lo que implica o su servidora, que seguirá comiendo taquitos porque son deliciosos de todos modos.