El Dr. Omar Montoya enfatiza la importancia de analizar los antecedentes históricos y el panorama contemporáneo ante este género musical
Guanajuato, Gto.- Aunque el fenómeno musical del corrido tumbado en la última década conlleva un debate sobre su valor musical y la apología de la violencia, la tradición de este género data hace más de un siglo con importantes cambios y funciones sociales. Así lo refirió, en entrevista para la Universidad de Guanajuato (UG), el Dr. Luis Omar Montoya Arias, historiador experto en música popular.

De acuerdo al comunicado de prensa, comprender y narrar la historia desde una perspectiva personal y rigurosa es clave en la labor del investigador, cuyo interés por la música popular tuvo una influencia directa en su núcleo familiar en Irapuato, Guanajuato. El deseo de recopilar la memoria a través del relato fue el detonante para iniciar una destacada trayectoria profesional a nivel internacional. “Las narraciones de mi abuela marcaron de forma importante mi forma de ver el pasado, además de crecer en un ambiente con la presencia de músicos reconocidos”, comentó.
Su investigación en torno al corrido norteño constituyó, en un principio, un reto complejo, pues dichos temas de estudio no eran comunes en la academia al principio del milenio. Así, el viajar, el consultar archivos en distintas ciudades de México y Estados Unidos, y el tener contacto con protagonistas de la escena musical fueron el medio de investigación más adecuado, lo que también le permitió desarrollar una mirada propia y libre de prejuicios desde distintos espacios.
Formado como historiador por la Universidad de Guanajuato (UG), así como por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) en el nivel posgrado, Omar Montoya ha colaborado con investigadores y creadores audiovisuales realizando entrevistas y brindando asesorías, que derivaron en proyectos documentales sobre música mexicana para History y Discovery Channel, por ejemplo, La Ley del Corrido (2008) y la serie Entre balas y acordes: la historia del corrido (2024), producida por Apple TV y ViX, además de su actividad académica como conferencista, sobre todo en los estados al norte de México.
Las transformaciones del corrido
El corrido mexicano nació en el siglo XIX, conceptualizado entonces como ‘romance’ por su estructura y tradición literaria, cuya función era específica: informar y politizar, indicó el Dr. Omar Montoya. De ello, surgieron corridos fundamentales y antecedentes de las famosas piezas sobre las figuras de la Revolución mexicana, periodo donde se consolidó plenamente su función social.
Luego de dicho movimiento, el corrido se adhirió a discursos oficialistas y políticas públicas del partido en el poder. Sin embargo, resurgió en la Guerra Cristera con un componente religioso, aunque estas manifestaciones han sido sistemáticamente borradas de la historia oficial, apuntó.
A partir de 1960, con el auge de la radio, el disco y el desarrollo tecnológico, el corrido mexicano experimentó una nueva transformación. En el contexto global, surgieron movimientos como el rock británico y la cultura indie, que impactaron en la conformación de nuevos grupos populares, como Los Tigres del Norte, cuyo primer productor musical fue el inglés Arthur Walker.
Originaria de Sinaloa, esta agrupación, junto con el corrido y el acordeón, tiene una esencia profundamente migrante. Luego de su paso por Mexicali, Baja California, y su asentamiento en California, en los Estados Unidos, la estética tradicional del grupo fue modificada desde su primer disco al sustituir los trajes regionales por vestimenta más cercana al rock y la incorporación de instrumentos, como el bajo eléctrico ahora imprescindible para la música norteña.
Durante al menos treinta años, Los Tigres del Norte dominaron la escena del corrido. En 1989, comenzaron a abordar temas relacionados con el narcotráfico y figuras de la política mexicana, generando incomodidad e intentos de censura. En 1997, la canción “Jefe de jefes” presentó una crítica social y política más profunda sobre la realidad mexicana.
La aparición del ‘corrido tumbado’ en 2018 con el grupo mexicoamericano Fuerza Regida actualizó nuevamente la tradición del corrido, narrando la violencia contemporánea y evidenciando relaciones entre la música popular y el crimen organizado. Este término se consolidó como etiqueta de mercado en 2019 con la publicación del álbum Corridos Tumbados de Natanael Cano.
“Si bien las letras pueden ser cuestionables, los músicos de este género son intérpretes virtuosos y han realizado transformaciones importantes, con innovaciones técnicas en instrumentos, armonías y transiciones, como la docerola, el contrabajo y los ensambles, lo que ha contribuido a su posicionamiento internacional”, puntualizó el investigador.
La polémica en torno a la expresión cultural
El debate sobre estas expresiones culturales debe considerar tanto sus antecedentes históricos como el panorama contemporáneo, señaló el Dr. Montoya: “No se trata únicamente de una glorificación de la violencia, sino de discursos que responden a contextos sociales específicos y reflejan tensiones profundas dentro de la sociedad y la estructura familiar, una realidad social que no puede ser ignorada. También permiten abordar temas relevantes, como el ocultismo y el esoterismo, presentes en su narrativa musical, literaria y audiovisual”, observó.
“Desde mi perspectiva, existe una visión equivocada sobre ciertas expresiones musicales contemporáneas. La mayoría de quienes producen estos contenidos no actúan desde la improvisación; cuentan con una preparación sólida, conscientes del mensaje que transmiten y su impacto en la sociedad actual”, dijo.
En cuanto al juicio sobre el valor estético y cultural, el especialista observa una falta de formación musical generalizada que impide apreciar cómo este tipo de música dialoga con mundos simbólicos complejos, incluyendo rituales, imaginarios y referencias que muchas veces pasan desapercibidas.
Igualmente, la discusión sobre responsabilidad social y libertad de expresión es constante, desde políticas de cancelación o restricción en plataformas, las cuales, según apunta el investigador, responden a coyunturas políticas y económicas:
“Estas decisiones buscan minimizar riesgos comerciales; suelen acompañarse de procesos de estigmatización hacia ciertos géneros musicales y sus intérpretes. (…) Las iniciativas gubernamentales que buscan moralizar o encauzar estas expresiones parten de buenas intenciones, pero no atacan el problema de fondo. Se trata de fenómenos sociales complejos que no pueden resolverse únicamente mediante prohibiciones o programas institucionales”, enfatizó.
Finalmente, con la conciencia del rigor y el cuidado personal que esta labor de investigación implica, el experto señaló la necesidad de eliminar la resistencia y el rechazo en el ámbito académico ante estos temas, pues son fundamentales para comprender las dinámicas sociales del presente.
Actualmente, Luis Omar Montoya Arias trabaja en la conformación en un libro dedicado al estudio del corrido mexicano. Las personas interesadas en conocer su trabajo académico pueden contactarlo a través del correo electrónico [email protected].
