Algo estaba mal con ellos, todo o casi todo lo estaba, para ser más justa, exceptuando a la imagen, ya saben que “de la vista nace el amor” y del amor la venta y la subsistencia del negocio. Parecían buena idea, la mejor de todas, calientitos, aciditos, enchilados y con su coqueto y rojo copetito de piquín. Una bolsa de plástico, casi a la medida, solucionaba el probable inconveniente de mancharse la mano con los ingredientes.

Empezando desde el olfato, debería oler rico y no olía a nada, un mal presentimiento vino a la boca del estómago, lo ignoré porque esos granitos de elote se veían tan reventones con su generosa carnita de cereal, pago con la mano que tenía disponible, para proceder a guardar la cartera y asir la cuchara, la vendedora sonríe en su puesto luminoso, rodeada de plátanos y salchipapas.
Mi corazón late con fuerza, la saliva acude anticipada hasta casi mojarme los labios, se viene ese momento el mejor o el peor de recibir un alimento, una bebida o incluso a un amante: la primera probadita. El antojito resultó ser una infamia.
El exceso de sal amarraba la lengua, que ya estaba padeciendo con el sabor limonoso y artificial que desprendía el chile que parecía una pasta azucarada, picosa, química en fin todo menos sabrosa y eso se embarraba, mezclado con una mayonesa que solo aportaba color y brillo pero nada de equilibrio, en unos granos de elote duros como las determinaciones, crudos como la verdad, tiesos como perrito en cuneta. Y helados, tan helados que estoy segura que podía sentarme en el comal donde se estaban “cocinando” y salir ilesa.
Inocentemente creo que todo se va a resolver con un limón extra, lo pido en lugar del reembolso pero la bazofia no mejora, al contrario se vuelve más abrasiva y e intragable, le doy unas cucharadas, por no dejar, por no tirar el tiempo de espera y mis cuarenta pesos que bien pudieron ser otra cosa más amigable y compatible con la vida humana.
Aquí viene la peor parte, me emocioné, confié ignorando toda señal de alerta, quise mejorarlo cuando la única opción hubiera sido volver a cocinarlo desde cero, me aferré a pesar de no estarlo disfrutando y encima, cuando solo quedaba aceptar la derrota tuve a bien regalarlo, por si el problema era yo.
Sé que se lo están preguntando, si nos enfermamos con ese insulto al esquite, yo más, por aferrada. Y no, aún no lo reporto a salubridad, pero debería.
