Sobrevivir a la usura

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Indiscutiblemente usura es una fea palabra, asociada con abuso, exceso y aprovechamiento de la condición de necesidad de quien debe recurrir al préstamo o al financiamiento. Son millones las historias de personas que han perdido su casa, el negocio familiar y toda suerte de bienes, otorgados en garantía prendaria o hipotecaria, pues más allá de una realidad en la cual las rentas son caras y escasas —como ocurre en Europa por ejemplo— y la contrapartida de una sobre oferta engañosa, sobre todo de los bancos, que a la hora de enfrentar las carteras vencidas, reciben toda suerte de ayudas públicas —como ocurrió en México con el FOBAPROA— cada uno de los deudores son embargados y despojados, aun cuando el aporte a la deuda supere en mucho el préstamo o financiamiento recibido.

Las víctimas de tales impunes estafas que quedan en la indefensión —trescientos cincuenta mil familias en España por la crisis reciente— poco saben de una banca internacional que opera en México, obteniendo el mayor porcentaje de ganancias —48% es decir 52 mil millones de pesos  solo en el 2007— justamente por los altos intereses, de 30 a 40 puntos, que aplica a quienes utilizan un plástico crediticio. Este provecho excesivo, según documentó en algún momento la CEPAL, permite a los banqueros extranjeros obtener en promedio el doble del  rendimiento en los Estados Unidos y hasta el triple de lo permitido en Gran Bretaña. Los tarjeta habientes de Banamex en nuestro país pagan 178% más que los similares de City Bank —hoy propietario de este banco otrora mexicano— en los Estados Unidos; en tanto que Bancomer Visa cobra 115% más a los mexicanos que a los españoles. Y por supuesto HSBC México aplica comisiones cinco veces mayores que en Inglaterra. Esto da como resultado intereses que van del 48% al 113%, aplicados en contra del usuario del crédito, aun cuando éste haya pagado la totalidad del adeudo, “por hacerlo un día después” según relata un cliente de HSBC y otra de los almacenes Liverpool que nos han informado de sus casos.

En prácticamente todos los rincones de un mundo sometido, a lo que un senador mexicano denomina “un auténtico protectorado mercantil” escudado en el argumento de un sector en el cual no existe la competencia indispensable en el “libre mercado”; los mártires de dichas prácticas fraudulentas —que operan casi siempre al amparo de la poca regulación administrativa y con protección judicial— se organizan como en el caso de quienes han debido enfrentar la ruina después de haber financiado en más del 100% sus hipotecas o  créditos [1] sin que ello les permita evitar el remate de la propiedad. Santander por ejemplo gasta una buena parte de tales utilidades mal habidas en publicitar sus ventajas —menor interés, seguro por desempleo durante un año, seguros de vida, etc.— pero a la hora de encontrarse una persona sin trabajo —por haber concluido una función en el gobierno por ejemplo— se le niega dicha ventaja con el argumento de: “Usted no fue corrido, simplemente dejó de laborar en esa dependencia”.

Ante el abuso de bancos y cajas de ahorro, el Senado Mexicano no hace mucho legisló modificaciones a diversas leyes, prohibiendo a los bancos enviar tarjetas de crédito preaprobadas sin que sean solicitadas, elevar el límite de endeudamiento sin el consentimiento del cliente, cobrar intereses por sobregiro, etc. Sin embargo y, como para nivelar esta merma a su pingüe negocio, los bancos, de manera unilateral, han cambiado las condiciones de contratación que Usted tenía originalmente, como es el caso de imponer un mínimo de saldo en la chequera que no había sido pactado cuando le ofertaron una cuenta combinada con ahorro y tarjeta, subir el cobro anual por el uso de la misma —en algunos casos hasta de 600 pesos— aplicarle el costo de reposición aun cuando Usted no la haya recibido, ignorar lo que tiene en su inversión combinada con otros instrumentos para considerar el mínimo de saldo ¡UF!, todo un vía crucis, no sÓlo para el cliente cumplido sino peor aun para siete millones de usuarios en la cartera vencida, más los que se sumen en esta semana a causa del desempleo.

Personas que en todo el mundo han pagado el 120% o más del crédito recibido, sufren con impotencia adjudicaciones bancarias por el 50% del valor del bien en garantía, sin que ello impida la continuidad de reclamaciones de “el resto de la deuda, más intereses y costas judiciales”. ¿Cuántos de estos casos terminan en suicidio? ¿Se puede considerar democrático y justo un gobierno incapaz de impedir este tipo de usura? Más de diez mil años de civilización han sido insuficientes para erradicar conductas deleznables como la usura [2] y aun cuando algunas leyes establecen sanciones, para quienes hacen firmar contratos leoninos, o cobran interés por encima de lo pactado, el hecho es que, ni el rechazo de Aristóteles —considerando antinatural la reproducción del dinero con dinero— ni la condena de Platón —la usura enfrenta a una clase contra otra— han logrado erradicar esta práctica, prohibida desde tiempos antiguos por razones éticas o teológicas, que debería estar por encima de la conveniencia económica y el comercio internacional pero hoy convertida, por la magia del neoliberalismo, en una suerte de «honorable forma de hacer negocios”.

Evitar lo dañino y destructivo de la usura debiera ser obligación de nuestros representantes y mandatarios. Si ellos no pueden, organicémonos, en contra de los usureros. ¿Podría dejar de usar su tarjeta la primera semana de cada mes? (27 de junio de 2010)

NOTAS
[1] www.afectadosporlahipoteca.com o www.protecciónaltarjetahabiente.org.mx
[2] En el Antiguo Testamento (Levítico, Deuteronomio y Ezequiel) se condena. San Agustín y Santo Tomás consideraban que lo obtenido por este camino no puede darse como limosna.