Vínculos con los muertos

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La conexión con los muertos por amor es uno de los movimientos interiores menos perceptibles para la razón de cualquier persona, cuya fuerza es enorme y determinante. Es una vinculación que indica una renuncia, o varias renuncias, por afinidad, a manera de honra, o como una manera de ser solidario. Naturalmente, nadie está a salvo del dolor por el deceso de una persona importante en la vida, particularmente familiares, más aún si han sido cercanos.

La razón de este hecho es clara: ante la muerte de alguien, uno mira el límite de su propia vida, y en consecuencia toma desde su vida interna algunas decisiones. Entre ellas ocupa un sitio muy especial el amor, pero también la magnitud de un intercambio, es decir de lo que me diste y tomé o de lo que te di y no fue equilibrado lo suficiente. Sobreviene pues un reacomodo de la vida sentimental, emotiva, y aun espiritual, pues la muerte está fuera de nuestro alcance, como si fuera la decisión de uno más grande al que no podemos hacer que cambie, a pesar de nuestro enojo o de inacabables protestas.

Con todo y lo grande que es, el fallecimiento de alguien ocurre también entre los hechos del vivir diario, cotidiano, y exige respuestas de quienes aún conservan la vida, así sea que hayan decidido retraerse en su duelo. Allí es donde se mira entonces cómo se considera ahora la vida y de qué forma va a actuarse en delante, en un movimiento a veces lento, paulatino, y otras veces súbito e inmediato. Y los días siguen pasando, y comienza a quedarse atrás el día negro, con el consecuente olvido espontáneo e inconsciente de sus detalles.

Pasa el tiempo y en algunas personas comienza a abundar sin sentirlo el color negro en su guardarropa; otras tiran hacia el desenfreno, unas más permanecen negadas a los asuntos del vivir, quienes hay que enferman o que empiezan a perder efectividad en lo que solían hacer bien. Con ese tiempo de por medio, para nadie es sencillo relacionar los actos de hoy con algún deceso en específico; en consecuencia, uno hurga en lo que ahora mismo está experimentando como síntomas.

La ocasión es buena de este modo para intentar un movimiento que acarree tranquilidad, que ponga las cosas en su sitio, a partir de reconocer lo que es, de integrar a todos los que pertenecen a nuestra familia, y de asentir a que todo es pasajero, en cuyo caso nos queda como responsabilidad vivir este instante posterior.

Bert Hellinger lo expone así: “Vamos a nuestra familia. Nos exponemos a toda nuestra familia, tanto a la actual, a la que vive, como remontándonos a muchas generaciones antes. Y mientras nos exponemos así a toda la familia, exponiéndonos e ella con amor… tomamos de pronto consciencia con nuestro corazón. Percibimos quién de nuestra gran familia aún no puede estar muerto… Y entonces nos acercamos a esta persona y le cerramos los ojos con amor. Y cuando vemos que ha alcanzado la calma y finalmente puede estar muerto, nos ponemos de pie y nos giramos hacia la vida y hacia su grandeza y decimos: ‘AHORA ESTOY AQUÍ PRESENTE’”.

¿Qué mejor regalo puede hacerse? Asentir a lo que ha ocurrido, así haya sido años atrás o muy en fecha reciente; integrar con amor a nuestros muertos, dejándolos ir al mundo adonde ahora pertenecen y quedándonos adonde pertenecemos; hacer finalmente lo que ellos hicieron: vivir y cumplir un destino. Así, es posible ganar una oportunidad para lo presente, para la gente con quienes co-habitamos y hacemos cosas, para nosotros mismos en la expansión plena de nuestras facultades y talentos, mejor aún: para la vida, ya que aún tenemos la opción de realizar lo que mejor sabemos hacer, de sembrar las semillas de nuestra experiencia, de procurar la trascendencia de lo vivo.

Sólo con una fuerza de estas dimensiones de parte de los grandes, los que vienen después querrán hacerse cargo responsablemente y fuertes de los asuntos que les corresponde, sólo con esta mirada detrás de ellos buscarán su compromiso con la vida y con el mundo, sin dejar de hacer lo pertinente y necesario. Y al mismo tiempo, curiosamente, aquellos que murieron antes de nosotros permanecerán vivos entre nosotros, pero no como un lastre sino de manera favorable hacia lo vivo, alegrándose en nuestra alegría, gozando en nuestras conquistas, enorgullecidos de la forma en que aprovechamos la vida que todavía nos queda.

¿Qué mejor homenaje para los muertos que trabajar a favor de la vida, como ellos que desde el fondo de la tierra empujan hacia la superficie, donde están los vivos, los brotes nuevos de las hierbas?