El Laberinto

De paso

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Llegar de noche, corriendo a hacer lo que debes hacer, dormir, darte un baño, comer algo sobre la marcha y regresar. Esta todo premeditado, la ciudad la marca la necesidad más que la elección y entonces es buscar que sea lo menos complicado posible, el hotel en punto medio entre la labor y la ruta de escape, lo que vendan cerca, suvenires de terminal.

Los viajes de trabajo se parecen mucho a los amores de una noche, es decir a los viajes (aunque no nos movamos mucho en realidad) por placer. Despertar en una ciudad distinta cada día puede ser tan emocionante como confuso, no saber qué ropa usar con el nuevo clima, la tienda en un lugar distinto cada vez, saber que se está de paso permite darse ciertas licencias como gastar lo de un día entero en una sola comida o soportar temporalmente algunas incomodidades. Lo mismo con los afectos, uno puede darse el lujo de tratar con quien normalmente no lo haría y mostrarse extrañamente espléndido o flexible, al fin no estamos sentando un precedente y una vez al año no hace daño.

Pero existen ocasiones en que la operación no procede tan aséptica, donde algo mueve las cosas, una sonrisa de un local, una recomendación, un retraso o un incidente pueden ser suficientes para que se tenga que prolongar la estancia y entonces, con nuevas circunstancias, uno le echa un nuevo ojito a la ciudad o a la persona para terminar descubriendo sus más bellas joyas arquitectónicas o sus más asquerosos desagües y cuando eso pasa, muchas veces acabas convencido de que no todas tienen mucho que ofrecer, de que a veces una ojeada es suficiente.

En ocasiones podemos volver repetidamente sin llegar nunca al centro y hasta puede que hasta le tomemos cierto tipo de cariño a sus gasolinerías, a la tienda de la carretera o la fondita de siempre y tampoco tiene nada de malo siempre que estemos conscientes de que no es toda la ciudad, de que no es para siempre.

Pero también están las sorpresas, esos sitios donde llegamos muy ilusionados y con toda la premeditación del mundo para descubrir que es un bodrio, de esos que salen bellos en las fotos y nada mas o al contrario, quedarse por accidente y encontrar el lugar donde quieres permanecer. Y es que de ciudades y de personas, nunca se sabe.