El espacio de Escipion

Coaliciones “neoconservadoras” en México, por ganar el 2021

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El título del presente artículo es una provocación para afirmar que rumbo al 2021 habrá dos bloques político-partidistas conservadores que estarán buscando ganar 15 gubernaturas y, sobre todo, la mayoría de los 500 legisladores de la Cámara de Diputados. No pretendocrear una discusión sobre la adopción de la categoría de “neoconservadurismo” para referirme a los partidos políticos y sus ofertas en nuestro país, sólo pretendo apuntar que los dos bloques tienen predominantemente tradiciones ideológicas y políticas aplicadas derechistas más que izquierdistas. No dudo que vendrán a decirnos que eso sólo aplica para los analistas estadounidenses que se refieren a las corrientes críticas a la política exterior de ese país.

Francisco Coll Morales, internacionalista, hace unos años hizo una breve y concreta descripción del “neoconservadurismo” que, a diferencia del progresismo, se centra en el apoyo a las fuerzas militares. Siempre centrando las ideas en el terreno de la política exterior y las relaciones internacionales.

Asimismo, esta filosofía política siempre está en contraposición al progresismo, pues duda sobre cambios de la moral tradicional (aborto, unión de parejas del mismo sexo, empoderamiento de la mujer, paridad de género). El neoconservadurismo presenta diversidad de opiniones en materia de libre comercio, a veces a favor o en contra. Además, y como hemos observado, apoya al liberalismo y al individualismo por encima de toda corriente que abogue por el colectivismo o la autogestión de los pueblos. Por supuesto, tiene alta dosis religiosa en su discurso y es convocante autoelegido de la salvación de los demás.

Lo anterior viene a cuenta porque se ha querido hablar de que habría en nuestro país dos proyectos distintos: “de izquierda” y de “derecha”, cuando en realidad ambos bloques tienen los mismos fines, mismos métodos, mismos orígenes y misma filosofía, como se observa en los dos párrafos anteriores. 

Es el caso de Morena, al que se han subido los aliados del maoísmo del PT y el ultraderechista PVEM; y se esperaría que organizaciones de derecha como Redes Sociales Progresistas y el partido confesional PES hagan alianza con ellos si logran retener el registro, pues éstos competirán sin alianzas según lo marca la ley. Del otro bloque en ciernes, ahora atraídos por el “Sí por México” están el histórico PAN y dos organizaciones de centro-izquierda: MC y PRD, a los cuales habrán de poderse subir candidatos ciudadanos.

Norberto Bobbio en su libro Derecha e Izquierda, Razones y Significados de una distinción histórica, nos recuerda —luego del fracaso del “socialismo real” encabezado por el bloque soviético y países aliados, y de los regímenes dictatoriales de derecha— que toda concepción totalizadora de la historia podría considerarse superada dentro del modelo de democracia liberal. Si bien hay una crisis de las ideologías, que a veces parecen confundirse o diluirse, pero no es así: se diferencian en sus objetivos y en los métodos para alcanzarlos cuando éstos realmente son diferentes. En el caso de México, no; las ideologías son confusamente conservadoras, aunque el discurso y la narrativa de los formadores de opinión del régimen digan lo contrario. 

Por ejemplo, Jorge Zepeda Patterson, una pluma afín al régimen, como otras más que han buscado descalificar la eventual coalición PAN-MC-PT-Sí Por México, publicó la semana pasada que, a diferencia de Estados Unidos donde “la polarización se canaliza en los dos grandes partidos políticos, Demócrata y Republicano, en México sólo uno de los polos tiene una expresión electoral: Morena, el partido del México de los desfavorecidos. Mientras eso siga así, López Obrador no tiene de qué preocuparse”.

Lo anterior para anticipar que el bloque opositor sería prácticamente imposible, y remata con una embestida descalificadora, y tramposa, acusando pasado salinista del mismo: “el PRIAN es resultado de un largo proceso histórico. Salinas fundó la primera piedra del futuro híbrido al robar algunas banderas y postulados del viejo partido blanquiazul: privatizaciones, fusión con la iniciativa privada y sus cuadros, achicamiento del Estado, aversión a los líderes sindicales y gremiales (excepto como instrumento de control), abandono de los sectores populares (excepto como clientela electoral). 

A su vez, el PAN fue perdiendo la dimensión humanista incrustada en sus cimientos para entregarse en brazos de la nueva religión del tecnócrata que el PRI había puesto en boga (y nada lo ilustra mejor que el perfil de Ricardo Anaya, su último candidato a la Presidencia)”. 

A Zepeda Patterson poco le indica que los principales cuadros operativos del gobierno del “partido de los desfavorecidos” sean precisamente quienes operaron para el denostado expresidente Salinas y expresidentes priistas (Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Zedillo) y que otros más tengan sus orígenes en el PAN foxista y calderonista o el empresariado más derechista que hay en México. 

No dice don Jorge que los cuadros de la vieja izquierda, por ejemplo, están relegados a otras áreas: cultura, medios públicos y pocos cargos en donde se administran las políticas públicas claves. Es un análisis tramposo porque, a más de seis meses de las elecciones, quieren descalificar el intento de la oposición por ir en alianza y anticiparles su posible derrota. 

Las condiciones para las elecciones del 2021 están cambiando y eso les tiene preocupados en el gobierno federal y en MORENA, pues sus aliados electorales serán el PT y el PVEM,que ya está causándoles problemas. Los otros, Fuerza social, RSP y PES, tendrán que retener el registro en las urnas por su propia cuenta y después entonces podrían ser aliados en el Congreso. 

Para los opositores, los resultados de Coahuila e Hidalgo marcaron un giro sorpresivo y han comenzado a entender que sí hay desgaste del gobierno de AMLO, sí hay inconformidad con su administración y sí pueden acabar con la luna de miel. Una clave para avanzar, sin duda, será lanzar nuevos rostros, nuevas ofertas y, sobre todo, superar y evitar que figuras públicas repudiadas sean recicladas por ellos en sus postulaciones (ello incluye a los expresidentes y excandidatos presidenciales derrotados), pues ello sería darle la razón a Jorge Zepeda: no son competitivos y no hay de qué preocuparse. Bueno, ésa es mi apreciación desde este lado de la ciudadanía. 

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