SOMBRAS

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Guanajuato es un abanico de opciones para poder pasear, desde la panorámica que nos permite ver toda la cañada, toda la ciudad antigua, hasta las calles y callejones que nos hacen subir los cerros que rodean este lugar. Siempre, caminar por las noches y ver los edificios coloniales que soportan los fríos vientos de la sierra y a veces las lloviznas que esos aires traen, no vienen solas, pues, aunque traen vientos del norte y del sur, de todo el bajío, traen voces, espectros, espíritus que buscan dónde estar, y como esta ciudad los invita por tantos recovecos existentes en los fantasmales caminos de Guanajuato, perviven aquí.  

¿Fantasmales? sí. Me cuenta mi amiga Arte que cuando ella salía del trabajo por las noches, se iba caminando a su casa, ubicada en el callejón de Peña Grande. Siempre, pero siempre, procuraba irse acompañada por eso de que no vaya a ser que la fueran a asaltar. Temerosa, eternamente pedía que la acompañaran, aunque fuera a la entrada del callejón, ubicado por El Cambio, y sí siempre sus amigas, que vivían en el callejón del Saucillo, la dejaban a la entrada, un poquito más adentro, y seguían su camino a su casa. De ahí hasta su hogar, Arte siempre caminaba de prisa, y trataba de no voltear, aunque sintiera que alguien viniera detrás de ella. Las luces amarillentas de los faroles públicos proyectaban sin querer sombras en las paredes de las casas y siempre era sólo su sombra y la de los arbustos o árboles que rodeaban su camino.

Una de esas noches de octubre en que el frío era más intenso que nunca, al momento que sus amigas la dejaron en el callejón, sintió frío, pero, aunque el viento hacia mover los árboles y chiflaba al paso de las casas, sintió que alguien estaba detrás de ella, pues un calorcito le tocaba sutilmente la espalda. Volteó y no vio a nadie, pensó que era algún vaporcito que escapó de alguna ventana de por ahí. Sin pensarlo, inició su rápida caminata a su casa, esta vez, iba más rápido que de costumbre, ya que ese calor seguía detrás de ella, caminaba aprisa, respirando afanosamente, cubriendo su nariz con la bufanda, poniendo atención al piso, al camino, el calor se fue. En uno de los lados de ese callejón se ven parte de las luces de la ciudad, imposible dejar de mirarlas, paró un instante, descansando, observando las luminarias mágicas de la ciudad encantada que es Guanajuato. Suspiró y entonces fue que sintió el calor y ahora escuchó un pequeño entrar y salir de aliento, como si alguien estuviera cerquita de ella, volteó y no vio a nadie, en persona, se apresuró a retomar su camino y fue cuando vio en las sombras proyectadas en la pared a alguien. Volteó otra vez para confirmar que estaba sola, y sí estaba sola físicamente, pero en las sombras no. Aterrada caminó tan rápidamente como podía, su casa ya estaba a solo unos metros, casi corría, el viento le pegaba duramente en la cara, ya no se cubría el rostro, ahora estaba en juego su propia vida, no podía dejar que esa sombra la llevara a otra parte o peor aún se quedara con ella para siempre. Como pudo intentó rezar la Magnífica, pero el terror sólo le permitió lanzar un grito desesperado: “Déjame”. Sacó sus llaves para entrar a su casa lo más rápido posible, se paró ante su puerta, pero el calor seguía ahí y ahora veía un vaho con olor a muerto, intentó meter la llave y falló, llorando ahora, metió la llave, volteó a la puerta y vio como esa sombra, primero del tamaño de una persona normal ahora era tan grande que pretendía absorberla. Sin dudarlo, abrió la puerta, entró y cerró la puerta diciendo: “Dios conmigo, quién contra mí”. Al instante la sombra se esfumó, pudo verla a través de los vidrios de la puerta, asimismo vio también que la luz del candil de la calle iluminaba como siempre su casa y su callejón. Aterrada se sentó de un tumbo en su sillón, llorando, y agradeciendo a Dios su protección.

Desde esa noche, Arte decidió dejar su trabajo nocturno. Ahora ya trabaja en Alaia, un centro comercial de aquí. Regresa a buena hora a su casa, con buena luz, la luz bendita que aleja a las sombras de su camino. Dicen los que saben que esas sombras quieren cubrirte para poder absorber tu alma, tu vitalidad. Arte logró vencerla con su fe y creencias, y con la valentía de una mujer sola, pero acompañada de sus ángeles y Dios mismo, como ella cree. ¿Quieres conocer el callejón de Peña Grande? tal vez la sombra te quiera a ti esta vez. Ven, lee y anda Guanajuato.